
La sensación placentera, relajante y de bienestar que proporciona un masaje es más que evidente. ¿A quién no le gusta disfrutar de ese momento cuando estamos estresados, cansados, o por el simple hecho de disfrutarlo?
A través de la piel, del sentido del tacto, el bebé recibe toda la información del exterior: tocando, manipulando, chupando, haciendo prensión con las manos… Es la manera que tiene de relacionarse con los estímulos que le irán dando información, experiencias y, finalmente, aprendizajes sobre todo lo que le rodea.
La relación con el adulto, su contacto, piel con piel, le proporcionan una serie de sensaciones que le afianzan afectivamente, le dan seguridad y bienestar. Son momentos placenteros que crean un vínculo afectivo entre el adulto y el bebé, imprescindible en estos primeros años.

El masaje engloba una técnica que no se limita al mero hecho físico del contacto con el bebé, implica miradas, sonrisas, la voz, un contacto que aporta innumerables beneficios físicos al bebé pero, sobre todo, y lo más importante, el contacto afectivo y emocional con el adulto, cuyos beneficios favorecen el crecimiento equilibrado del bebé en todos los ámbitos de su desarrollo. A la hora del cambio de pañal, del baño, antes de dormir o, simplemente jugando, estos momentos de complicidad aportan al bebé toda clase de beneficios y seguridad afectiva.

Conocedores de la importancia que tiene este tema, en la Escuela Infantil La del Soto del Parral incorporamos, además de los contactos en las actividades habituales, un momento especial en el que estimulamos diferentes partes del cuerpo de nuestros bebés a través del masaje de piernas, brazos, manos, pies… En algunos casos, cuando vemos que las posiciones de gateo o volteo no son las adecuadas, hacemos una estimulación específica para su integración a nivel cerebral.

Os animamos a todos a que dediquéis cada día un ratito al contacto físico con vuestros hijos e hijas, y a recuperar alguno de esos juegos de regazo en los que tocamos a los más pequeños…