
Desde que nacemos procuramos influir en el medio que nos rodea de muchas maneras, siendo el llanto una de esas formas de hacer que algo a nuestro alrededor varíe para conseguir un objetivo. Dicho así, parece algo dotado de una compleja intencionalidad, pero estos acontecimientos se producen por ensayo y error, por la respuesta recibida cuando el bebé se expresa de una determinada manera.
Las familias diferenciamos perfectamente cuándo nuestros pequeños lloran por hambre, por sueño, por dolor, etc., tanto por el sonido del llanto, como por otras señales que lo acompañan. Lo sabemos diferenciar porque ya lo hemos oído previamente y por el resultado que han tenido las respuestas que hemos dado a cada uno de esos tipos de llanto. En ese momento se produce un hecho curioso, un proceso de aprendizaje mutuo en el que los adultos interpretamos qué le pasa al bebé y, por tanto, respondemos de una manera concreta y, a su vez, el bebé recibe información de qué va a ocurrir si llora de una determinada manera. Así, el niño tenderá a repetirlo siempre que quiera alguna cosa y, probando, dará matices a su particular idioma.

En este momento del curso, en el que todos: familias, equipo educativo, niños y niñas nos estamos adaptando, es muy común escuchar llantos. Los tenemos de muchos tipos: desconsolados, rabiosos, húmedos, secos, “pa dentro”, de recuerdo, de imitación, con patadas, impacientes… Y cada uno con su tono y su timbre particular. Como sabemos que es una manera de comunicarse, de transmitirnos una necesidad, procuramos poner solución, pero no siempre damos con ella a la primera, así que todos tenemos que tener un poco de paciencia hasta que terminemos siendo capaces de entendernos, algo que terminará sucediendo bastante pronto, aunque en este momento nos pueda parecer que es imposible. No nos gusta que nuestros niños y niñas lloren, pero cuando el lenguaje aún no se ha desarrollado, es su forma de contarnos sus cosas, igual que una sonrisa o un palmoteo.

Al principio las familias se pueden poner un poco nerviosas con estas formas de expresión, pero si todos tenemos un poco de paciencia y confianza, tanto en niños y niñas como en adultos, todo quedará como un recuerdo más que contar a nuestros hijos cuando sean un poco más mayores…
¡¡¡Ánimo, que cada vez lloramos menos!!!