Construyendo una pedagogía de lo cotidiano II.

En el nivel de 0 a 1 año de la Escuela Infantil La Verbena de la Paloma continuamos ahondando en la pedagogía de Emmi Pickler. En nuestro anterior artículo nos centramos en el valor de una relación afectiva privilegiada, hoy vamos a profundizar sobre otros principios metodológicos.

La libertad de movimiento y la conquista de la autonomía.

Supone permitir que cada niño tenga la posibilidad de descubrir, experimentar, perfeccionar y vivir cada fase de su desarrollo, sus posturas y movimientos.

Es fundamental que dejemos a los niños libertad de movimientos. Esta afirmación, que puede parecer sencilla, supone que cada día debemos reflexionar y tomar decisiones como equipo educativo, ya que supone un cambio de actitud frente a cómo los adultos solemos actuar con los niños, los objetos que dejamos a su alcance y los espacios que creamos. Como adultos debemos ofrecer un entorno seguro, rico y adecuado, además de poner en práctica un sistema de cuidados individualizados, como vimos en el artículo anterior al hablar de los momentos del cambio de pañal y de la alimentación.

La clave reside en no apostar por la intervención directa, donde las acciones del niño pueden quedar interrumpidas por la eficiencia del adulto, ni por la soledad de la supervivencia; por tanto, estamos tomando un rol de mediador.

Algunas de las decisiones que hemos tomado derivadas de este principio pedagógico son:

  • Prescindir de las tumbonas, ya que provocan pasividad en los niños.
  • Desaconsejar el uso de andadores, ya que fuerzan una postura que el niño no ha adquirido por sí solo, lo que se extiende a no colocar al niño en ninguna postura que aún no domine como, por ejemplo, sentado.

Como decíamos más arriba, este modo de trabajo requiere de una planificación constante; más que nunca tenemos que observar y pensar antes de actuar. Asimismo, es imprescindible trabajar conjuntamente con las familias, ya que su colaboración es fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus hijos e hijas.

Asimismo, creamos en las aulas un entorno estimulante y rico, que despierte el interés y la curiosidad de niños y niñas, cuidando tanto la calidad como la estética de los objetos que ofrecemos, pero sin caer en la sobre-estimulación del ambiente.

El valor de la actividad individual del niño.

A través de sus movimientos, el niño se descubre y toma conciencia de sí mismo, lo que le convierte en sujeto de acción y no sólo de reacción.

Durante el juego aparecen espontáneamente una serie de posiciones intermedias que llevarán a que niños y niñas adquieran mayor autonomía. Pero no sólo eso, ya que a través del movimiento nos expresan sus emociones, intereses y ansiedades.

Cada bebé se desarrolla óptimamente si lo hace desde y a través de sus fortalezas, características y deseos vitales. Si nos paramos a observar a un bebé, podremos descubrir su iniciativa a la hora de emprender una actividad, la sorpresa que le invade frente a ciertos estímulos, las habilidades que demuestra a la hora de superar obstáculos, las cosas, situaciones y personas que le interesan…

Este curso se está convirtiendo en un viaje transformador, está cambiando nuestra mirada, nuestra actitud, nuestra escucha hacia cada uno de los bebés que están en la escuela. A través de la observación activa y consciente nos sorprendemos y disfrutamos de los avances que vemos que se están produciendo. Si estás pendiente del reloj no es fácil percatarse de ellos, por lo que en nuestra escuela nos damos tiempo para sentarnos, observar, anotar y, cómo no, sorprendernos y dejarnos maravillar por todo lo que nuestros alumnos y alumnas son capaces de hacer.

“Casi no disponemos de memoria, de consciencia de nuestros dos o tres primeros años de vida. Sin embargo, fue el lugar donde tejimos nuestros primeros y, en cierto modo, permanentes vínculos; nuestras reactividades y primeras decisiones.”

Teresa Godall

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